Reconociendo mis debilidades y
flaquezas, mi vanidad y
materialismo, y con el
firme
Propósito de enmendar mis errores te
suplico Señor, perdones mis pecados y escuches mi oración
lo
que agrada a Dios
ni las plegarias y ofrendas
vanas,
ni
las celebraciones llenas de fausto
y
grandiosidad,
porque
obras son amores.
y
no solo las buenas intenciones.
Lavad
vuestras culpas,
reparad
el daño,
purificaos
y dejad de hacer el mal,
practicad
el bien y
haced
bandera de
Socorred
al huérfano, ayudad al pobre y,
al necesitado, a la viuda y al
anciano.
No
consintáis los abusos, las
injusticias,
el
daño, ni el mal y, sobre todo
no
os esclavicéis del deseo material,
que
es efímero, pasajero, nada.
Amad
las premisas de la virtud,
que
os darán alegría sana y duradera
por
encima de tanta bagatela
y
vanidad humana
Recordad siempre en vuestros
actos, que el primer deber del ser humano es:
evitar el sufrimiento el
daño y el mal
esta oración ha surgido al amparo de las nuevas filosofías acorde con los tiempos y en consonancia con la teología de la liberación